martes, 4 de diciembre de 2007

CELULAR

Cuando le compraron el celular, Karina se sintió la joven más feliz del mundo. Sus padres le regalaron un celular para tomar fotos, grabar, filmar, y hasta para hacer las tareas del colegio. La advertencia de los padres en cuidar el celular fueron claras –cuídalo porque no tenemos plata para comprarte otro, ten cuidado que se golpee, se rompa o te lo roben- . Cada vez que portaba el celular, la angustia invadía el alma de Karina. Se imaginaba que alguien se lo sacaba de la mochila, que el forro de la falda rayaba la pantalla o que la punta del lapicero se clavaba en las teclas. La desesperación y el terror crecían cada vez más. Cuando iba por las calles apagaba el celular por temor a que los ladrones escuchen el timbre de las llamadas y se lo roben. Para conservar el celular, Karina decidió dejarlo en su cuarto para que no se golpee, ni se rompa ni se lo roben. Dejo el celular en su cajón con llave para que nadie lo coja y se fue tranquila al colegio. Al final de la clase otro temor invadió el alma de Karina ¿Y si el celular se malogra por no usarlo?

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